Bob B – El Obispo Más Joven en Inglaterra

Bob's Book - The Youngest Bishop in EnglandBob B – El Obispo Más Joven en Inglaterra 

Me uní a la iglesia mormona en diciembre de 1964 a los 18 años de edad. A diferencia de muchos convertidos, yo estaba buscando a Dios desde un año antes de contactar a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (SUD) y les pedí a los misioneros que vinieran y me enseñaran. Yo era lo que ellos llaman “un contacto de oro” porque ya estaba leyendo la Biblia, pero ahora, era capaz de leer y estudiar las escrituras mormonas (El Libro de Mormón, La Perla de Gran Precio y Doctrina y Convenios).

Yo era extremadamente diligente y serio al servir en la iglesia SUD. Acepté varios “llamados” (trabajos no remunerados en la iglesia) y desde que asistí a una Rama de la Iglesia (más pequeña que un Barrio), tuve muchas oportunidades para enseñar y predicar. Junto al desarrollo de mi entendimiento de la fe mormona— esto es, el entendimiento que la iglesia deseaba permitirme tener a mí y a todos los otros miembros, también estaba comenzando a desarrollar una relación personal con Cristo y con Dios el Padre.

Cuando uno escucha los concilios mormones, uno puede ver cómo ellos inspiran a los miembros de la iglesia SUD para que busquen a Cristo en una revelación (guía) personal de parte de Él, pero si oyes a la mayoría de mormones, encontrarás que su centro de interés, amor y devoción no es Cristo mismo, sino la institución de la iglesia, o su llamado, o el templo—¡cualquier cosa menos Dios! Esto no es coincidencia. Ciertamente se honra de labios a Cristo y la mayoría cree en Él, pero el hecho es que ponen mucho énfasis en la importancia del profeta, los programas, el sacerdocio y el templo, de modo que Cristo tiende a ser dejado atrás. Quizás fue el hecho de que yo leía la Biblia desde antes y pensaba en Cristo, lo que me ayudó a no distraerme tanto con el mormonismo. De modo que, aún cuando seguía siendo un mormón, mi relación personal con Dios se iba desarrollando gradualmente a pesar de mi convicción de que el mormonismo era la verdadera manera de adorar a Dios— es decir, la verdadera iglesia.

Mientras el tiempo pasaba la cultura del mormonismo se arraigaba dentro de mí. Me casé con una dama encantadora en la iglesia SUD. Fuimos al templo para ser sellados por el tiempo y la eternidad, y formamos una familia, a la cual, eventualmente se añadieron 3 niños y 3 niñas. Todo mi tiempo, dinero, energía e intereses se centraron alrededor de la iglesia. Parecía estar todo muy bien, pero, ¿realmente era así? Estaba teniendo algunas preocupaciones y preguntas acerca de las enseñanzas y políticas de la iglesia y para este tiempo (1971), también fui llamado a ser obispo a la edad de 23 años.

Quedé impactado al ser llamado como obispo y me sentí inadecuado, pero intenté hacer lo mejor que podía. En muchas maneras, yo amaba a la iglesia y deseaba ayudar y bendecir a la gente. Sin embargo, mis preguntas parecían no tener respuestas.

Tengamos en cuenta que en aquel entonces no había internet, ni existía manera alguna de realizar búsquedas en Google para responder tales preguntas. A pesar de haber escrito una carta de 20 páginas,  la cual entregué de manera directa a mi presidente de estaca, nadie abordó el asunto con seriedad. La verdad es que (aunque yo no lo sabía en ese entonces), ellos no tenían la menor idea, al igual que yo, acerca de cómo responder mis preguntas. Esto es porque la iglesia nos cuenta la misma historia que le cuenta a todos sus miembros. Esto es, una imagen bien pulida, bien arreglada, calculada por ellos, para dejar tus sentimientos contentos y razonablemente satisfechos al costo de ser deshonestos con respecto a los hechos que ellos esconden.

Lo que uno no percibe es que, con el tiempo, se ha llevado a cabo un adoctrinamiento o condicionamiento insidioso, de modo que uno es absorbido por una cultura y modo de vida que de manera natural alimenta el ego, el sistema de valores, el estatus, así como la identidad doméstica, social y espiritual. En esta posición es casi imposible “ver” su falsedad, o siquiera querer verla.

Mis preocupaciones no desaparecieron, simplemente fueron metidas debajo de la alfombra; aún cuando mis preguntas sin responder me molestaron lo suficiente como para pedir mi resignación como obispo. Esto quitó la presión y continué por muchos años con una convicción reservada. Continué aceptando otros llamados en la iglesia y disfrutaba criar a mi familia en la fe.

Las cosas en casa estaban muy bien y mi vida hogareña era excelente, pero bajo la superficie, los pensamientos acerca de la falsedad de la iglesia no se iban. Estos pensamientos estaban siempre en mi mente. Por décadas, luchar con las dudas llego a ser tan agotador, mientras los pensamientos de incertidumbre seguían dando vueltas en mi mente. Mientras tanto, continué hablando con Dios acerca de todas las cosas en mi vida (como me habían enseñado). Además de esto y de mis oraciones habituales en casa, también iba al desierto para hablar con Dios una vez al mes. Para mí, estas eran experiencias muy especiales y hermosas, las cuales, en cierto sentido, no tenían nada que ver con la iglesia, era sólo Dios y yo.

Una noche después de que había terminado de orar (sentado en mi auto en un lugar oscuro y tranquilo), estaba por conducir a mi casa pero no pude irme. Algo dentro de mí quería quedarse más tiempo con Dios para decirle simplemente, “Te amo.”  Alabanzas comenzaron a poseerme y el amor de Dios me envolvió. Cada vez que le preguntaba si mi iglesia era lo que afirmaba ser, no había grandes respuestas, sino que se me daba una profunda sensación de ser amado y aceptado por quien soy. El mormonismo tiende a restar importancia a la gracia y se concentra en las obras. Por eso te dicen que la “aceptación” por parte de Dios tiene que ser ganada, sin embargo allí estaba yo, sintiendo algo opuesto a lo que me habían enseñado en mi fe mormona.

Poco a poco, pero con seguridad, mi experiencia con Dios y con Cristo me estaba dando una  más grande confianza para confrontar a mis líderes, algo que me faltaba antes. Yo siempre había pensado que ellos sabían las cosas mejor que yo. Sin embargo, el hecho de confrontar a los líderes mormones no fue tomado de buena manera. De inmediato fui informado que yo era arrogante y que carecía de humildad para seguir y confiar en el profeta.

En la expansión de mis lecturas llegué a los escritos de CS Lewis, Philip Yancey, Richard Wurmbrand, Richard Rohr, Thomas Merton, así como de otros grandes hombres de Dios. De manera progresiva, mi perspectiva de Dios divergía más y más de la perspectiva mormona y mi querida esposa se empezó a preocupar por mí. Hablar acerca de estas cosas sólo la hacía enojarse; ella era fuerte en su fe y no podía comprender porqué tenía yo tanta agitación por dentro. Ella estaba acostumbrada a que yo fuera fuerte y positivo, de modo que, cuando yo hablaba negativamente acerca de la iglesia, ella comenzaba a llorar. Yo la amaba demasiado como para verla tan  angustiada, así que el tema se convirtió en algo de lo que evitábamos hablar.

Comencé a sentirme como un espectador en la iglesia —como si observara, pero sin unirme a los demás en adoración. Ni siquiera creo que “adorar” sea la palabra correcta de todos modos. Ellos pueden objetarlo, pero los mormones pertenecen a una institución —la iglesia —no a Dios. Muy pocos miembros tienen el Reino de Dios dentro de ellos. Tristemente, ellos tienen un muy pequeño o ningún sentido de alabanza por Su gracia y misericordia. Sentí esto como una forma de enflaquecimiento espiritual alrededor mío.

Mi asistencia a la iglesia comenzó a disminuir un poco. Otras veces asistía, pero evitaba algunos de los bloques dominicales (3 horas de reuniones), y algunas veces las evadía todas. Mi esposa entendió mis preferencias, o al menos, me dijo que me amaba si importar eso. Tuve suerte pues algunos esposos mormones tuvieron fuertes separaciones, ¡o incluso llegaron al divorcio!

En el año 2002 mi esposa comenzó a padecer de cáncer, por lo cual, tristemente, falleció en el 2005. Desde ese punto en adelante, comencé a estar solo, ya que todos nuestros hijos habían dejado el hogar y estaban felizmente casados, también muy fuertes en la iglesia.

Bob's Book - The Youngest Bishop in EnglandMI LIBRO: THE YOUNGEST BISHOP IN ENGLAND, Beneath the Surface of Mormonism (EL OBISPO MÁS JOVEN EN INGLATERRA, Bajo la Superficie del Mormonismo)  puede comprarse a través de amazon.com

Por este tiempo entré a un extendido período de comunión con Dios. Estaba con dolor, solitario, y por varias razones descritas en mi libro, en oscuridad. Nunca antes entendí realmente, como lo hice entonces, la maravillosa pureza, la misericordia y belleza de Dios. Yo sabía que vivía muy poco de las normas ‘morales’ establecidas por el mormonismo. Sin embargo Dios me rodeaba por completo como un fuego envolvente.

Toco este tema en mi libro, sin embargo mi meta era exponer el mormonismo como un fraude y mientras más investigaba, más veía el alcance de la corrupción y locura en la que estuve envuelto por tanto tiempo. Me sentí impactado y sorprendido de haber estado tan equivocado. Si no hubiera tenido esta relación (experiencia) tan especial con Dios, probablemente sería un ateo el día de hoy, y esto es lo que sucede con frecuencia con muchos ex-mormones. En sí, he perdido la fe en la religión, pero no en Dios.

Mi libro trata acerca de algunas de las doctrinas y enseñanzas del mormonismo que he encontrado perturbadoras y falsas. Esto me llevó a mirar más de cerca a su fundador José Smith y la epistemología de la fe completa. Cuando una “casa de naipes” espiritual colapsa de manera total y completa, ocurre la muerte de la fe y esto incluye tristeza, depresión, culpabilidad, confusión e ira. Oh sí, ¡ira en abundancia! Los miembros activos de los mormones simplemente no pueden entender esta ira. De hecho, entienden muy poco de esto porque permanecen bajo el condicionamiento de esta secta.

Mi libro trata acerca de mis años de lucha–-entre dudas y cuestionamientos. Esto incluye mi argumento en contra de la iglesia y lo que condujo a mi excomunión en el 2006. También incluye mi vida después del mormonismo. Aún no estoy seguro acerca de muchas cosas, pero estoy seguro con respecto al mormonismo y por qué este es malo, corrupto y falso. Mi libro es una pequeña voz entre un creciente número de otros que han madurado. En la actualidad, la iglesia está en carrera y lucha continuamente para justificar lo injustificable. Podrá continuar por generaciones, pero yo creo que cambiará mucho, mientras el internet la fuerce a confrontar su historia y doctrinas absurdas.

Antes de terminar, me gustaría abordar dos últimas cosas: cuando los miembros que son dignos entran repetidamente en el templo, es para realizar trabajo de dotación por los muertos. Se pueden hacer otras cosas, pero esta es la razón principal por la que todos asisten. Inicialmente, cuando una persona va por primera vez al templo, es para recibir su PROPIO dote.

Esto SIEMPRE  es impactante, pero los participantes se llegan a acostumbrar al regresar muchas veces durante su vida. A la mayoría le parece desconcertante, extraño y bastante raro, pero concluyen con que sólo se trata de algo en ellos mismos. Un gran líder dijo una vez:

“Si usted tiene un problema con el templo, adivine quién tiene el problema.” 

Este tipo de afirmaciones fueron, y siguen siendo calculadas para ayudar a que te mantengas tranquilo con respecto a tu incapacidad de ser impresionado por el templo. Siempre que las personas creen que ellas mismas son el problema, entonces la iglesia queda exonerada de culpa. Este SIEMPRE es el caso en el mormonismo –  hacen recaer cualquier falla en los miembros – es parte del control de las sectas.

Los apóstoles y profetas, al igual que los demás líderes locales, hablan acerca del templo en un tono suave. Las exageraciones acerca de su santidad y su aprobación divina son nauseabundamente adulatorias. Después de oír estas cosas por décadas, se termina pensando que es UNO mismo quien no está en armonía. Pero, ¿por qué no salir abiertamente y decirlo? ¿Por qué no expresar tu opinión acerca de cuán malo es? ¿Cuán aburrido? ¿Cuán ridículo? ¿Cuán absurdo es pensar que Dios sea tan insensible que haya tenido que inventar el lenguaje simbólico prestado de la masonería, conectado a juramentos de sangre de asesinato, para ver si tu corazón está en lo correcto?

El templo es una pantomima de locura secreta y la razón por la que la mayoría de los miembros guardan sus opiniones para sí mismos es porque van a ser vistos como débiles, faltos de fe, blasfemos y desleales. Esto causa  que atraigan una atención embarazosa a ellos mismos. Así que, juegan el juego y pagan sus diezmos. Aquí hay una pista que muestra que estoy en lo correcto.

En las pocas ocasiones en que he tomado el coraje suficiente para hablar de mis ‘verdaderos sentimientos’ acerca del templo en una entrevista oficial en privado con un líder de estaca –en cada oportunidad ellos me confiaban que habían tenido el MISMO PROBLEMA. ¡Yo estaba muy impresionado! ¡Nadie habla de sus verdaderos sentimientos! La autenticidad es asesinada en la iglesia. Se dice que la dotación es la bendición más asombrosa que puedes experimentar, ¡pero es lo peor que alguien pudiera imaginar! Originalmente, fue Smith (despues de convertirse en un masón) quien estableció las combinaciones secretas para reforzar la conformidad de que tenía conexiones con la Expiación de Sangre, al igual que la poligamia. ¡Sin duda es una experiencia horrible para la mayoría de sus miembros!

La otra cosa que quería decir es que, aparte de sufrir la muerte de su fe, los ex-mormones sufren el golpe de sentir que los miembros activos y, especialmente los miembros de sus familias, piensan de ellos que son negligentes y pecaminosos. Aún si mantienes la boca cerrada y sigues un estilo de vida impecable, igualmente te verán como un fracaso por haber abandonado la fe. Tus familiares más cercanos te rechazarán o incluso cuestionarán si se te debería permitir estar cerca de tus propios nietos. Nadie desea estar cerca de tu enfermedad espiritual por mucho rato. Como todos los fundamentalistas, muchos miembros de la iglesia SUD tomarán tu partida como un insulto a Dios y a los lazos eternos de sus sagradas familias, ¡los cuales has roto al alejarte!

Quizás, lo que más consuela es que TODO ex-mormón que conozco, se siente liberado y auténtico. No se sienten deprimidos, sino llenos de vida. Su mayor tristeza es el conocimiento de aquellos que continúan atrapados en uno, probablemente, de los mayores fraudes de nuestra generación.

 

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