El testimonio de Daniel S.

daniels.:EL TESTIMONIO DE DANIEL S.

Soy un varón promedio que nació en la iglesia mormona. Fui bautizado en 1951 a la edad de 8 años por mi vecino de la casa de al lado en California. Él posteriormente se convirtió en mi Presidente de Estaca y el que me envió de misión. Mi padre nunca se hizo miembro, pero le permitía a mi madre, que sí era miembro, llevarnos a mi hermano y a mí a la iglesia mormona. Dado que era un lugar divertido y que tenía amigos allí, fui y adopté totalmente a la iglesia. En lugar de ir en una misión a la edad de 19, tuve que esperar dos años más para convencer a mi padre que me dejara ir. Mi madre era la catalizadora, desafiándolo hasta que él cedió.

Fui a Uruguay, América del Sur, desde septiembre de 1964 hasta diciembre de 1966, pasando los primeros 3 meses en la Misión de Entrenamiento en Idiomas en Provo.  Trabajé muy duro y bauticé a 35 personas en dos años. Entonces, regresé a casa y continué mi educación en la Universidad Brigham Young. Me casé en el templo de Oakland en un intermedio de semestres en enero de 1969.

En el transcurso de los años, desde mi matrimonio a la edad de 25 hasta mi renuncia a la edad de 64, fui Misionero de Estaca 3 veces, Presidente de Estaca de Misión, 3 veces Presidente del Quórum de Élderes, miembro del Alto Concilio por 7 años con responsabilidad del Almacén del Obispo y la Fábrica de Conservas en Fresno, California, Maestro Explorador, Encargado Financiero, Encargado de Membresía, Líder de Misiones de Distrito y Secretario Ejecutivo. Con mi conocimiento en las “Escrituras,” yo era solicitado por los misioneros a tiempo completo porque usualmente podía persuadir a cualquier posible converso para aceptar la “validez” del punto de vista mormón.

Tempranamente, fui una vez el líder Principal del Sacerdocio Aarónico, o sea que estaba a cargo de fomentar el compañerismo entre todos los nuevos conversos en nuestra estaca de Oregón. En una oportunidad había 25 personas nuevas, así que organicé charlas fogoneros en los hogares de los miembros, en las cuales dirigí un debate acerca de varios tópicos del Evangelio. Me recuerdo dependiendo del manual Referencia Rápida de Rick, como una fuente de respuestas a las muchas preguntas que me formulaban.  Siempre funcionaba. Me recuerdo, por ejemplo, citando el libro de Abraham, dando una explicación detallada acerca de por qué los negros estaban impedidos de ejercer el Sacerdocio.

Todos en este grupo se volvieron muy activos en la iglesia mormona, con uno que continuó incluso hasta ser Obispo. Todo esto tuvo lugar antes de la explosión del Internet, de modo que mis explicaciones eran aceptadas como evangelio porque yo era convincente y sincero. No tenía idea alguna de que mis referencias pudieran ser fraudulentas. Espero que un programa tal como las charlas fogoneras no pueda funcionar nunca más, gracias a la riqueza de la información disponible en Internet.

Trabajé en ventas farmacéuticas por 35 años mientras criaba cuatro hermosos hijos, todos nacidos en el “convenio eterno.” Mi hija mayor se casó. Ella y su esposo comenzaron a ser desafiados en su Estaca en el Estado de Washington por algunos miembros que no eran tan fieles. Ella, su esposo y sus cuatro hijos regresaron a California en el año 2004 para comenzar nuevamente. Ambos han continuado para completar su educación y tienen empleos muy lucrativos ahora. Pero un poco antes, después de su llegada, Jenny y yo tuvimos una conversación en la cual le pedí que me compartiera un poco de los sentimientos y descubrimientos que la llevaron a retirarse de la iglesia mormona.

Ella me mostró unos cuantos sitios Web con la condición de que “estos te guiarán si los estudias.” Dado que siempre tuve una curiosidad insaciable y comencé a observar lo que había allí. El momento de mi “¡Ajá!” personal llegó una noche de diciembre del 2005 cuando estaba leyendo una historia del Obispo Simón Southerton de Australia en la cual descubrió casi inocentemente que la prueba de ADN demostraba que los nativos americanos inmigraron de Asia y NO de Jerusalén.  (sólo en inglés).  Realmente no sabía que hacer con esta nueva información. Yo era, para ese tiempo, secretario ejecutivo de una rama Hispana en Fresno. Comencé a reconocer por primera vez el excesivo control personal ejercido por los líderes de la iglesia—control sobre todos los aspectos de nuestras vidas—en su intento por mantener la rectitud y la pureza personal. Sin saber qué hacer, continué asistiendo a los servicios hasta marzo del 2006, cuando sucedió lo siguiente:

Hermano era una personalidad prominente en la Estaca, alguien que no temía expresar sus ideas, las cuales eran interesantes y entretenidas. Pero estando adentro, con la Presidencia de la Estaca, yo sabía que lo detestaban porque él no estaba bajo el control de ellos, como un “buen” miembro supuestamente debía estar. Sus afirmaciones públicas no eran difamatorias, sólo diferentes en algunas oportunidades.  Tenía un testimonio sólido, pero deseaba que algunas cosas fueran diferentes, y no temía decirlo en público. Una mañana de domingo de ayuno y testimonio, se puso de pie y anunció que en su opinión, podíamos continuar sin reuniones Sacramentales porque todo lo que realmente necesitábamos saber se encontraba en la Ceremonia del Templo. Su afirmación no tenía la intención de exasperar los ánimos, sino el ser una afirmación desenvuelta del tipo “qué pasaría si…”  ¡El presidente de estaca se enfureció completamente! Se entrevistó con él en privado esa semana y anunció que Hermano no participaría en ninguna reunión por seis meses hasta que se arrepintiera plenamente.

Entonces, durante la siguiente Reunión Sacramental de Domingo, él volvió a anunciar públicamente su decisión en frente de todos los presentes. Este hermano fue completamente aplastado en todo sentido. Reconozco cuán caprichosa, arbitraria y política fue la situación ya que fui testigo de su humillación pública. Pero la gota que derramó el vaso para mí fue más tarde ese mismo domingo, cuando entré a la oficina del Presidente, ¡para descubrirlo a él y a sus dos consejeros palmeándose las espaldas, regocijándose acerca de cómo habían “finalmente” callado a ese problemático! Ahora, era mi momento para ponerme furioso, y les dije cuán mal estaban todos ellos por juzgar a este hombre. Estaba realmente enojado, salí y nunca más regresé.

Dándole fuerza a mi resolución estaba mi propio conocimiento de que el Libro de Mormón era un fraude, y que al salirme no estaba poniendo en riesgo mi futuro espiritual porque los mormones ¡habían estado completamente equivocados de todos modos! Sin embargo, después de eso tuvo que pasar otro año y medio antes de tener el valor de quitar mi nombre de los registros de la iglesia. Para decirlo todo, tengo un hijo que aún está activo junto con mi madre que ahora tiene 88 años. Mi ex-esposa (le pedí el divorcio en el verano del 2007) y tres de nuestros hijos junto a sus familias, y yo, hemos abandonado el rebaño.

Estaba viviendo en un departamento en Fresno en el verano del 2008, cuando recordé cuán hermoso era estar en el estado de Montana. Estuve haciendo canotaje en río en Missoula, en 1979, y me enamoré de este hermoso estado. Así que, me mudé aquí a Bozeman en julio del 2008. ¡Ha sido la mejor mudanza que he hecho jamás! He descubierto el gozo del compañerismo sencillo en la Primera Iglesia Presbiteriana donde ahora estoy, en el coro— ¡con todo, túnica y faja! Cinco años atrás, si me hubieran dicho que iba a estar aquí, nunca lo hubiese creído. He llevado las cosas de tal manera que no le cuento a nadie que yo era un mormón. Esto ha permitido que ellos me acepten como un ser humano normal sin muchas explicaciones innecesarias y fatigosas.

Daniel

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