El testimonio de Glenn

glenn.: EL TESTIMONIO DE GLENN

Cuando yo tenía 32 meses de vida, mi familia estuvo involucrada en un horrendo accidente automovilístico. Mi madre murió. Mi padre, mi hermano y yo sobrevivimos a este accidente. Esto sucedió durante el primer cumpleaños de mi hermano menor. Fue una circunstancia muy difícil para mi padre ya que quedó sólo al cuidado de 2 niños pequeños. Él se mudó con sus padres y se apoyó emocionalmente en ellos por unos cuantos años.

Unos tres años después de la tragedia, mi padre conoció a una extraordinaria mujer por medio de un amigo en común y muy pronto le propuso matrimonio. Ella aceptó, se dirigieron hacia Arizona y se casaron un fin de semana. Cuando regresaron de Arizona, continuamos viviendo con mis abuelos por cerca de dos años hasta que fuimos capaces de construir un hogar propio. Nos volvimos entonces una familia, mi hermano y yo nos sentíamos muy cómodos con nuestra nueva madre, ya que ella era realmente la única madre que podíamos recordar mientras crecíamos.

Mi padre tenía muy escasas convicciones religiosas, habiendo crecido con un trasfondo cristiano en la iglesia metodista en una comunidad de granjeros del oeste medio de Estados Unidos. Mi madrastra por otro lado, creció en la iglesia mormona de la reservación de Navaho en Nuevo México antes de mudarse a Los Angeles, California. Sus padres eran de un linaje de pioneros mormones, ambos con una larga línea de herencia mormona, de la cual ella se sentía muy orgullosa. Su hermana estaba casada con el Presidente de Estaca en nuestra localidad y toda su familia estaba activa en la iglesia SUD. La mayoría de mis primos también eran mormones activos.

Mientras mi madrastra asumía la tarea de criar dos niños pequeños, se sentía compelida a proveernos de un entrenamiento religioso que, según me percaté posteriormente, se debía a un sentimiento de deber más que a una convicción. Ella y mi padre asistieron a la iglesia mormona sólo unas pocas veces al año durante los años en que nosotros fuimos criados como mormones. Creo que mi padre era neutral cuando se trataba de asuntos religiosos, pero mi madrastra tenía un sentimiento de deber para criar a mi hermano y a mí en el mormonismo. Ella era una madre maravillosa y siempre la consideraré como “Madre” porque fue todo lo que yo conocí. Nunca tuve la sensación de que no fuésemos sus hijos. Era enérgica para disciplinar, pero siempre con amor.

Mi hermano y yo fuimos bautizados a los ocho años de edad, crecimos asistiendo a las actividades Primarias, recibimos el Sacerdocio Aarónico a la edad de doce, estábamos activos en la tropa de Niños Exploradores SUD donde logré el rango de Explorador Estrella, asistimos a la Asociación de Mejoramiento Mutuo (MIA por sus siglas en inglés) y recibimos el Sacerdocio de Melquisedec a los dieciocho años de edad. Fuimos adoctrinados en la cosmovisión mormona y de hecho nos sentíamos muy orgullosos del hecho de que fuésemos “diferentes” del mundo que nos rodeaba. Creo que este entrenamiento, especialmente las enseñanzas de la “Palabra de Sabiduría” fueron muy útiles en mantenernos alejados de influencias fuertes y negativas durante nuestros años de escuela secundaria. Muchos de nuestros compañeros se involucraban en todo tipo de cosas como el tabaco y el alcohol, pero nosotros nos alejamos de involucrarnos en estos hábitos porque habíamos desarrollado las convicciones de la Palabra de Sabiduría Mormona.

Cuando me gradué en la escuela secundaria, me dediqué a trabajar directamente y no pensaba asistir a la universidad. Aún cuando tenía edad para misionero, no consideré la posibilidad de ser un misionero para la iglesia, mayormente porque no tenía un fuerte apoyo o ánimo en casa, además de que nuestra situación financiera no era muy buena.

Dos años más tarde me casé en el Templo de Saint George con una novia de la secundaria que se había convertido al mormonismo. Intentamos vivir como unos fieles mormones. Yo servía en viarias capacidades, incluyendo el liderazgo de la escuela dominical y como Misionero de Estaca. Dos niños llegaron y pronto pudimos estar en nuestro propio hogar.

Mientras transcurría el tiempo, mi esposa y yo comenzamos a cuestionar lo que nos habían enseñado en la iglesia y no podíamos unirnos de manera honesta con muchos que daban sus “testimonios” diciendo que “sabían que José Smith era un verdadero profeta de Dios y que el Libro de Mormón era verdadero.” Comenzamos a formular preguntas acerca de algunas de las creencias que nos habían enseñado, especialmente aquella noción de que podríamos llegar a ser “Dioses” algún día si éramos fieles. Siempre se nos había dicho que oráramos al respecto y que Dios nos daría paz y un testimonio.

Transcurrieron muchos años y comenzamos a tener problemas en nuestro matrimonio que eventualmente terminó en divorcio. Mi esposa, que anteriormente fue católica, se había convertido al mormonismo en la secundaria y yo no creo que ella hubiera aceptado todo verdaderamente. Tuvimos muchos momentos turbulentos discutiendo acerca de varias enseñanzas que parecían, según ella, demasiado estrambóticas para ser ciertas. Fue su cuestionamiento el que me hizo comenzar a cuestionar también a mí. Después del divorcio, sentí que todo en mi vida estaba yendo mal. Continué cuestionando las enseñanzas mormonas pero aún no podía conseguir respuestas satisfactorias. Me molestaban algunas inconsistencias tales como las siguientes:

  • Las afirmaciones de José Smith con respecto a las planchas de oro y los numerosos cambios realizados al Libro de Mormón al cual él llamaba “el más correcto de los libros.”
  • La noción de que simples seres humanos pudieran un día llegar a ser “dioses” y la enseñanza de que existe una multitud de “dioses” gobernando muchos planetas.
  • La idea de que la poligamia era el plan eterno y Celestial de Dios, pero que su plan eterno ahora había sido dejado de lado aquí en la tierra.
  • Las enseñanzas históricas de antiguos profetas mormones que fueron negadas y contradichas por profetas mormones posteriores.

Estos son, sólo, unas cuantas de las muchas preguntas con las que yo batallaba. También comencé a ver que la iglesia SUD no revela la verdadera historia de sus inicios. Había veces que incluso iba donde mi madrastra con mis preguntas pero ella era muy vaga en sus respuestas, de modo que no tenía yo mucha confianza por la manera en que ella pudiera responder. De hecho ella a veces trataba de evitar mis preguntas, y entonces supe que ella tenía poco conocimiento o convicción con respecto a las enseñanzas mormonas. Para ella era una religión y no una creencia honesta. Con el tiempo, ella también llegaría incluso a criticar algunas de las prácticas de la iglesia.

Teniendo aún muchas preguntas, no supe que hacer por un tiempo y abandoné la mayoría de mis investigaciones religiosas. Algunos años después me volví a casar y establecí un nuevo hogar con los dos hijos de mi esposa y con los dos míos que venían a visitarnos. Habiéndonos mudado a un nuevo vecindario, conocimos una familia cristiana que vivía en la casa de al lado. Ellos nos invitaron a un estudio bíblico semanal en su casa y aceptamos. Mi travesía espiritual había quedado en suspenso por un tiempo, pero pensé que podía encontrar alguna ayuda en este estudio bíblico para resolver todas las preguntas que tenía en mi cabeza con respecto a Dios y a la “religión” en general.

Una tarde en este estudio bíblico, estábamos estudiando el Evangelio de Marcos. No puedo recordar específicamente qué estábamos discutiendo, pero el tema del mormonismo fue abordado. Una de las mujeres allí hizo una afirmación, “Los mormones no son cristianos.” Fui impactado por su aparentemente fuerte convicción en lo que estaba diciendo, pero permanecí callado ya que no había revelado mi trasfondo mormón y quedé con resentimiento por dentro. Cuando fuimos a casa, mi esposa y yo tuvimos una larga discusión para únicamente quedar más confundido. Resolví probar que la afirmación que había escuchado en el estudio bíblico era falsa, y me propuse realizar un estudio por mi cuenta.

Mi esposa, nuestros hijos y yo, para este tiempo, también habíamos comenzado a asistir a una iglesia cristiana y comencé a ver cómo era realmente el cristianismo. Yo había crecido con el entendimiento de que la Biblia no era realmente confiable en muchas áreas, como afirma el Octavo Artículo de Fe de la iglesia mormona. Yo creía que uno no podía colocar toda su fe en la Biblia, o confiar únicamente en ella, sino que se necesitaba la sabiduría de Profetas modernos para guiar nuestros pensamientos y búsquedas de Dios y del Evangelio. En la iglesia y en este estudio bíblico, estaba aprendiendo de manera diferente. Estas personas tenían convicción con respecto a la Biblia y estaban demostrando tener paz con estas convicciones. Esto era algo que yo anhelaba, así que comencé a escuchar con atención la manera en que ellos creían y explicaban las Escrituras Bíblicas. Hasta esa noche en que una mujer hizo una afirmación impactante, estaba comenzando a ver las diferencias en lo que yo había crecido creyendo, pero por cuanto yo no era de la “misma fe” de estos vecinos, me consideraba a mí mismo un cristiano.

Durante muchos meses, estuve explorando las Escrituras Bíblicas, oré mucho, pidiendo a Dios que me mostrara la verdad, pero llegué a estar más confundido. Afortunadamente, Larry, un anciano en la iglesia a la que asistíamos, deseaba venir a nuestro hogar para explicarme el Evangelio. Por medio de sus enseñanzas, Dios me mostró que yo era un pecador.  Esto era algo que nunca había oído de mis maestros mormones. Comencé a ver que estaba perdido y destinado a la destrucción y al infierno por los errores (pecados) en mi vida. ¡Necesitaba un Salvador! Comencé a ver que no estaba en camino de llegar a ser un “Dios,” sino que estaba en camino al infierno y al tormento eterno. Pronto comencé a ver cómo Dios me amaba y proveía una manera de salvarme de esta destrucción final. Larry me mostró que mis pecados fueron clavados en la cruz del Calvario, como lo enseña Colosenses 2:13-14:

“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz.” **

También estaba obteniendo respuestas a mis muchas preguntas, las cuales nunca pude obtener de mis maestros mormones. Encontré que existían respuestas sólidas y confiables acerca de las preguntas profundas de la vida. Pude ver que no tenía que confiar en lo que un supuesto profeta estaba enseñando, y pronto me percaté que Dios había provisto su Palabra, la Biblia, como una guía para la vida. La Biblia me decía en el libro de Isaías que sólo existía un Dios y no muchos, y que siempre fue Dios de la eternidad a la eternidad. Isaías también dice que todas mis buenas obras, en las que me enseñaron a depender, son trapos de inmundicia para merecer la aprobación de Dios. Pude ver también que Jesucristo era el Cordero de Dios y había venido a la tierra para dar su vida como un sacrificio a mi favor. Pronto tuve convicción de mis caminos pecaminosos, confesé mis pecados y acepté e invité a Jesucristo en mi vida como Señor y Salvador y en ese momento recibí el don de Dios de la vida eterna.

Llegué a ver que no había sido un “cristiano” en el sentido bíblico porque estaba intentando seguir a un hombre, José Smith (y a los profetas subsecuentes) en lugar de seguir a Jesucristo. De hecho era un “Smithiano” en lugar de un cristiano. ¡Sólo porque el nombre Jesucristo esté en el nombre de la iglesia SUD eso no hace cristianos a los mormones! Encontré que un cristiano es alguien que sigue y confía en Jesucristo por su vida y por la eternidad. Nunca más fui atrapado por un sistema que enseñara que debía trabajar duro cada día esperando haber hecho lo suficiente para agradar a Dios para recibir algún día una recompensa. Ahora sé que confiando en Jesús estaba seguro por la eternidad, no por lo que yo hiciera, sino por lo que Jesús había hecho por mí. Ahora estaba seguro por la eternidad y libre para amar a Dios y servirle con gratitud porque Él me amó primero y se dio a sí mismo por mis pecados. Finalmente encontré la paz que había estado buscando por tanto tiempo.

En los últimos años he estado involucrado en un programa de tutoría por Internet para hombres (sólo en inglés) que tienen preguntas acerca de su participación en el mormonismo y que están buscando la verdad. Es mi deseo compartir la paz que tengo ahora y ayudar a otros a encontrar también la paz confiando en Jesús. A través de todo este tiempo de aprendizaje, mi esposa también reavivó su fe cristiana y ambos tuvimos un nuevo comienzo.  Habiendo criado a nuestra familia, ahora disfrutamos el ser abuelos y estar retirados. Hemos estado activos en la iglesia local por muchos años. He servido en varias responsabilidades como ujier, diácono, anciano y presidente de misiones. Considero el Salmo 40 como la Escritura de mi vida, por cuanto “mis pies ahora están sobre la Roca sólida.”

Para Su Gloria,
Glenn

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** Tomado de la Biblia Reina Valera 1960

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