Los homicidios mormones – ¿Por qué el encubrimiento?

Rocky and Helen

LOS HOMICIDIOS MORMONES – ¿POR QUÉ EL ENCUBRIMIENTO? Rocky Hulse

Han transcurrido un poco más de 20 años desde que Mark Hofmann, el Misionero mormón de vuelta, mató a dos personas inocentes con bombas y obtuvo un arreglo entre la fiscalía y la defensa en lugar de ir a juicio. ¿Por qué un hombre trastornado que hace estallar bombas, con 26 delitos graves en su contra y con la sangre de dos personas inocentes sobre sus manos, no iría a juicio? Realmente es muy sencillo si alguna vez has vivido en Utah y comprendes el poder de la iglesia mormona sobre ese estado. El llevar a Mark Hofmann a juicio hubiera significado llamar a los Profetas y Apóstoles mormones al estrado para testificar. Estas Autoridades Generales de los mormones habían sido totalmente estafadas por él al comprar de él documentos falsificados de la antigua historia mormona, que costaron cientos de miles, si no es que millones, de dólares.

Mark Hofmann nació y creció como mormón, y cumplió sus dos años como misionero en el sudoeste de Inglaterra, regresando en 1976. Habiéndose casado en 1979, exteriormente Mark parecía ser un buen joven mormón. Sin embargo, Mark tenía un lado siniestro y encontró un blanco fácil en la iglesia mormona. Desde sus inicios, los fundamentos primitivos de la historia de la iglesia mormona han estado envueltos con afirmaciones de fraude, engaño, magia folclórica y misticismo. Además, desde sus inicios, la iglesia mormona ha estado tratando de distanciarse de aquellas afirmaciones y de proveer una explicación legítima para su establecimiento.

Mark Hofmann llegó a este campo fértil de proteger la historia de la iglesia mormona a cualquier costo, con un plan para ganar dinero y hacer que la iglesia mormona se viera estúpida ¡¡y en ambas cosas tuvo éxito!!

La transcripción de Anthon

La primera gran anotación de Hofmann fue la “Transcripción de Anthon.” Martin Harris, el hombre que financió la primera impresión del Libro de Mormón en 1830, se sentía escéptico de invertir dinero sin alguna prueba de la Biblia Dorada. José Smith únicamente le permitía sostener la caja que supuestamente contenía las “Planchas de Oro” de las cuales el Libro de Mormón debía ser traducido, pero esto no fue suficiente para satisfacer al granjero rico; él quería más. Entonces, José Smith, supuestamente copió los caracteres de las planchas de oro y Harris los llevó a la ciudad de Nueva York para que los eruditos de ese tiempo validaran los caracteres. Smith le explicó a Harris que los caracteres no eran de ningún idioma conocido, sino que eran de un idioma desconocido llamado “egipcio reformado.”

hoffmanFinalmente, Harris encontró a Charles Anthon, un profesor de griego y latín en la Universidad de Columbia. Nadie sabe con seguridad lo que sucedió en esa reunión, excepto que Harris regresó afirmando que el Profesor Anthon había identificado los caracteres como egipcios, caldeos, asirios y árabes. Posteriormente, cuando el Profesor Anthon escuchó que los mormones estaban diciendo que él había validado los caracteres, escribió una negación despiadada.

La “Transcripción de Anthon,” que Martin Harris había llevado en su viaje, se creía extraviada.

Las personas en la fotografía son, de izquierda a derecha: Mark Hofmann, 1er Consejero N. Eldon Tanner, Presidente Spencer W. Kimball, 2do Consejero Marion G. Romney, Apóstol Boyd K. Packer y Apóstol Gordon B. Hinckley.

La fotografía de arriba muestra a Mark Hoffman con los líderes superiores de la iglesia mormona estudiando su “Transcripción de Anthon” recientemente descubierta (falsificada). Este hallazgo increíble (completamente falso) puso a Mark Hoffman en el tratado interior con la oficina principal de la iglesia mormona. Mark engañó por completo a todos los líderes superiores de la iglesia mormona y se llevó $20.000 dólares fácilmente por su esfuerzo engañoso; una suma atractiva en 1980. Hoffman no tan sólo se burló de los líderes de la iglesia mormona en 1980, en la fotografía anterior se le puede apreciar junto al actual Profeta Mormón, Gordon B. Hinckley, y el tercero en línea para ser profeta, el Apóstol Boyd K. Packer.

La Carta de Salamandra

La siguiente gran estafa de Mark fue la “Carta de Salamandra.” Toda la “traducción” del Libro de Mormón ha sido impregnada de misticismo y fraude. Sabiendo esto, Mark Hoffman ideó una carta que hacía juego perfectamente con aquellas afirmaciones. Su carta “…sonaba más como un cuento de hadas de los hermanos Grimm que una clase de escuela dominical: calderos con dinero protegidos por espíritus, piedras de videntes, hechizos encantados, “gafas” mágicas, visitas fantasmales. ¡Y en lugar de un ángel benévolo, un “espíritu viejo” irritable y tramposo, que se transforma en una salamandra blanca!” — The Mormon Murders (Los asesinos mormones), pág. 127 (Traducido del inglés)

Para no involucrar directamente a la iglesia mormona en la adquisición de este documento (demasiada publicidad), Hoffman logró hacer un trato con un “miembro fiel,” un hombre rico de negocios llamado Steve Christensen, para comprar el documento y así evitar que cayera en las “manos equivocadas.” La idea era permitir que el tiempo enfriara el interés en el documento para que luego Steve pudiera donarlo a la Iglesia, ¡y así asegurarse un lugar prominente para él y su familia en el Reino Celestial en la vida futura!

La Colección McLellin

Esta es la estafa que hizo caer a Mark Hofmann. “William E. McLellin era un Apóstol primitivo y asociado cercano de José Smith, quien en 1836 se apartó de la iglesia y se volvió uno de sus críticos más amargados. Hubo rumores por mucho tiempo que McLellin, quien guardaba las actas en las reuniones primitivas de los Doce, se había llevado consigo un baúl repleto de papeles, cartas y diarios, todos incriminatorios, con los cuales destruiría a la iglesia. Pero ni la colección misma, ni alguna parte de ella, alguna vez había aparecido. Hasta ahora.” — The Mormon Murders (Los asesinos mormones), pág. 164 (Traducido del inglés)

Esta estafa fue tan evidente, que Mark Hoffman ni siquiera falsificó los documentos. Él estableció un precio de $185.000 dólares y estuvo involucrando en la estafa a varias personas diferentes y la iglesia mormona.

Para entonces, Hofmann estaba disfrutando de la gran vida. Volaba de ida y vuelta a Nueva York y a otros lugares, buscando supuestamente documentos antiguos, gastando dinero como si su fuente fuera interminable. Estaba intentando comprar una casa muy costosa en uno de los vecindarios más adinerados en Salt Lake City y estaba comenzando a quedarse corto de efectivo.

Se dirigió a las Oficinas centrales de la iglesia mormona y les dijo que necesitaba los $185.000 dólares para adquirir la Colección McLellin. Hugh Pinnock, un miembro superior del Quórum de los Setenta (Una Autoridad General de los mormones, inmediatamente debajo la posición de Apóstol), hizo una llamada telefónica al Primer Banco Interestatal e hizo los arreglos para el préstamo; Mark sólo tenía que ir a recoger el cheque.

Hoffman también había tomado prestado dinero de varios otros mormones con la promesa de proveer la Colección McLellin. Manipulando ambos lados para su propio beneficio, el tiempo se le estaba acabando. Mark se encontraba bajo mucha presión de cumplir con todas estas obligaciones. Steve Christensen (el comprador de la Carta de Salamandra) apareció nuevamente cuando Mark estaba delincuente con su préstamo de $185.000 dólares arreglado por la Iglesia. “Los hermanos” habían obtenido la ayuda de Steve para completar la transacción McLellin por medio de un acaudalado Presidente de misiones mormonas en Nueva Escocia, Canadá. En su mente sórdida, Hoffman creyó que podía aliviar la olla a presión en la que se había metido, al hacer estallar con una bomba a Steve y luego haciendo lo mismo con uno de sus socios de negocios; de este modo, distrayendo la investigación del tratado de los documentos y enfocándola en un posible mal trato de negocios, como el motivo del estallido de las bombas.

Los ataques con bombas

El día martes 15 de octubre de 1985, dos bombas tomaron las vidas de Steve Christensen y Kathy Sheets.  Ambas eran bombas de tubo; la que fue puesta para Steve Christensen fue especialmente brutal, habiendo sido llenada con clavos con la intención de destruir por completo a su víctima. Gary Sheets era el objetivo de la bomba número dos; sin embargo, su esposa, Kathy, encontró la bomba afuera de su casa y se convirtió en la víctima de su poder mortal.

Nadie sabe con certeza quién era la victima intencionada de la bomba número tres. Mark Hofmann se encontraba en el centro de Salt Lake City, en el proceso de llevar la bomba, cuando ésta estalló prematuramente y él se convirtió en su víctima. Habiendo quedado seriamente herido, pero no muerto, se pensaba al principio que Mark era una víctima inocente; sin embargo, la investigación claramente reveló que él era el que detonó los explosivos.

Mintiendo por el Señor

Hugh Pinnock, una Autoridad General de los mormones como lo mencioné previamente, hizo los arreglos para obtener el préstamo de $185.000 dólares en el Primer Banco Interestatal para que Mark Hofmann inicialmente comprara la Colección McLellin. El día después de la tercera explosión que hirió a Mark Hofmann, el Anciano Pinnock fue interrogado acerca de los crímenes:

“…el detective de la policía Don Bell lo interrogó a la 1:12 de la tarde del 17 de Octubre, el día después de que la bomba estalló en el automóvil de Hofmann.

“Elder Pinnock, este es el asunto,” comenzó Bell, con su libreta en la mano. “Esta es una investigación de homicidio. ¿Conoce usted al Sr. Hofmann?”

Pinnock hizo una pausa y reflexionó por un momento.  “No, no creo que lo conozca.””— The Mormon Murders (Los asesinos mormones), pp. 246-247 (Traducido del inglés)

¡Esta declaración, hecha por una Autoridad General de los mormones, era una mentira absoluta! Cuando KSL-TV reportó fielmente que la iglesia mormona estaba envuelta en hacer tratos de documentos y préstamos ilegales, la iglesia mormona se enfureció. “La Iglesia está enojada porque dijimos que ellos ayudaron a concertar un préstamo. Bien, ¡pues lo hicieron! Ellos dicen que fue un individuo y no la iglesia, pero eso es absurdo. Puede que haya sido un individuo el que hizo la llamada, pero fue un oficial de la Iglesia, sentado en su oficina de la Iglesia, en sus horas de trabajo en la Iglesia, utilizando un teléfono de la Iglesia y lo hizo por el… beneficio de la Iglesia. Nadie más quería la Colección McLellin excepto la Iglesia. Y el presidente de misiones de Nueva Escocia no colecciona documentos. Él era simplemente un tipo con mucho dinero que dijo ‘Si necesitan ayuda, yo los ayudaré.’ Si la iglesia dice que ellos no estaban ayudando a hacer ningún arreglo para comprar nada, ¿cómo se puede explicar el hecho de que la Iglesia se ofreció a conseguir un auto blindado para ir hasta Texas a recoger la Colección?” — The Mormon Murders (Los asesinos mormones),  pág. 389 (Traducido del inglés)

Cuando el Profeta Mormón actual, Gordon B. Hinckley, fue interrogado por los Fiscales del Condado, Bob Stott y David Biggs acerca de sus tratos múltiples con Mark Hofmann, él claramente mintió: “Stott y Biggs se movían ansiosamente en sus sillas. Mike George, el investigador de la oficina del abogado del Condado quien había acompañado a Ken Farnsworth en la última entrevista con Hinkley casi cuatro meses antes, se maravillaba de cómo, con tiempo en medio para recordar aquellas reuniones, aún seguía sin poder recordar nada.

“¿Alguna vez estuvo él en su oficina?” Preguntó Stott.  “Probablemente,” respondió Hinckley.

“¡Probablemente!” pensó Biggs. Ahora, incluso estaba olvidando lo que había admitido en la conferencia de prensa.” — The Mormon Murders (Los asesinos mormones), pp. 355-­356 (Traducido del inglés) Cuando se comparan las notas de los investigadores de este crimen, no queda duda que Gordon B. Hinckley, ahora el Profeta actual de los mormones, les estaba mintiendo.

En Utah – ¡Uno no avergüenza a la iglesia mormona!!

El caso en contra de Mark Hofmann era abrumador. Sin lugar a dudas él hubiera sido declarado culpable de Homicidio en 1er Grado y condenado a pena de muerte por estos crímenes despreciables; sin embargo, únicamente recibió una palmada en la mano por asesinar a dos personas inocentes, haciéndolos explotar con bombas de tubo y no tan sólo estafó a la iglesia mormona quitándoles cientos de miles, si no es que fueron millones de dólares, sino que estafó a otras personas también.

“Para todos fue claro que Bob Stott (el fiscal) estaba determinado a evitar un juicio, cueste lo que cueste,” dijo un policía cuando las noticias del arreglo se difundieron a través del departamento como el olor de una fuga de gas, “Incluso si tuviéramos una confesión, Stott le hubiera dado a Yengich (el abogado de Hoffmann) cualquier cosa que hubiese querido.”

Más adelante, cuando un reportero de Los Angeles Times voló a Salt Lake City para cubrir la historia de última hora del arreglo entre la fiscalía y la defensa, le dijo a Dawn Tracy [Reportero del Salt Lake Tribune] que el aspecto más sorprendente de todo el caso era la actitud de la parte acusadora. “El típico fiscal,” dijo el reportero, “sale y captura a los chicos malos. Sale y revuelve las cosas. Aquí, ellos son tan gentiles y cooperativos. Qué bonito arreglo entre la fiscalía y la defensa. En cualquier otro estado, hubiéramos visto este asunto ir a un juicio, porque así es como los fiscales ganan su reputación. Yendo a juicio, atrapando a los chicos malos, grandes salpicaduras, mucho tiempo de exposición. Aquí, ustedes tienen un acuerdo amistoso entre la fiscalía y la defensa.

“‘Ey,’ dijo Tracy, ‘En este estado no progresas si avergüenzas a la iglesia mormona o si la haces quedar mal.’” — The Mormon Murders (Los asesinos mormones), pp. 420-421 (Traducido del inglés). ¿A quién le importa la verdad? ¿A quién le importa la justicia? En el mormonismo debes proteger el “Mito,” ¡¡cueste lo que cueste!!

El Fiscal mormón, Bob Stott, no cumpliría con las responsabilidades de su oficio, porque en el mormonismo la actitud hacia la verdad es “¡La fe antes que los hechos!”— The Mormon Murders (Los asesinos mormones), pág. 439 (Traducido del inglés)

Artículo escrito por Rocky y Helen Hulse publicación del Mormon Outreachwww.mormonoutreach.org. Reimpreso y publicado en nuestro sitio Web con permiso.

 

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